La semana pasada me sorprendió una noticia que promete hacer historia: IBM anunció su hoja de ruta hacia Starling, el primer ordenador cuántico a gran escala y tolerante a fallos del mundo. Al leer los detalles, me quedé pensando: están hablando de ¡200 cúbits lógicos capaces de ejecutar 100 millones de operaciones cuánticas, un rendimiento 20.000 veces superior al de las máquinas actuales! Saber que Starling estará operativo en 2029 me hizo darme cuenta de que la revolución cuántica avanza más rápido de lo que imaginaba. En mi artículo anterior relaté la inminente llegada de esta era y la urgencia de prepararnos en todos los ámbitos; hoy la realidad me invita a explorar cómo será ese futuro en primera persona.
Al contemplar la imagen de lo que sería el interior de una computadora cuántica moderna, me maravilla la complejidad de este “cerebro dorado” en apariencia casi alienígena. Detrás de ese aspecto, Starling es sobre todo una proeza en diseño de hardware y software cuántico. En esencia, su poder proviene de los cúbits lógicos, que son unidades virtuales de información altamente estables. En lugar de usar el cúbit físico ruidoso que tenemos en máquinas actuales, IBM planea agrupar muchos cúbits físicos en uno solo lógico, capaz de corregir sus propios errores. Gracias a este enfoque –la corrección cuántica de errores– cada cúbit lógico es mucho más fiable: la tasa de error se suprime exponencialmente al aumentar el tamaño del clúster de cúbits físicos.
Entender esto cambió mi perspectiva. Aprendí que sin corrección, un cúbit físico normal se estropea con cada operación; pero con códigos de corrección avanzados –como los llamados qLDPC– podemos construir cúbits lógicos prácticamente a prueba de fallos. Estos códigos permiten reducir el número de cúbits físicos necesarios para formar uno lógico, lo que significa una reducción masiva en el coste de hardware y una mayor escalabilidad. Este avance técnico no solo es elegante, sino imprescindible: sin él, tendríamos que fabricar miles o millones de cúbits físicos para obtener tan solo unos pocos lógicos.
La hoja de ruta hacia 2029
IBM lo describe como un viaje por etapas que culmina en Starling dentro de cuatro años. Cada etapa avanza un poco más la madurez de la arquitectura cuántica modular y tolerante a fallos. Así que, siguiendo la pista de ese anuncio, descubrí la cronología prevista:
- Loon (2025): Será el primer procesador en probar los componentes clave del nuevo diseño. En particular, incluirá elementos como los acopladores para implementar los códigos qLDPC dentro de un mismo chip. Este hito demostrará que el concepto de clústeres de cúbits físicos controlados remotamente realmente funciona.
- Kookaburra (2026): Llegará el primer chip modular de IBM. Kookaburra combinará memoria cuántica con operaciones lógicas dentro del chip. Es decir, por primera vez el sistema podrá almacenar cúbits lógicos y operarlos como un bloque, estableciendo la base para crecer más allá de un único procesador.
- Cockatoo (2027): IBM conectará dos módulos Kookaburra, creando una red de chips entrelazados como nodos de un superprocesador cuántico. Este será el paso clave para escalar de manera eficiente sin depender de chips gigantescos difíciles de mantener.
- Starling (2029): El destino final. IBM planea desplegar este sistema en un nuevo Centro de Datos Cuántico especialmente diseñado. Con 200 cúbits lógicos interconectados, Starling podrá ejecutar 100 millones de operaciones cuánticas con alta fidelidad en un solo programa. Será un sistema con capacidades que superan por mucho lo posible para cualquier superordenador clásico.
Campos transformados: IA, medicina y finanzas
Mientras repasaba cada hito de la hoja de ruta, no pude evitar soñar con las implicaciones prácticas. El salto prometido de Starling abrirá puertas totalmente nuevas en la ciencia y la industria. En concreto, me emocioné pensando en cómo esto puede revolucionar áreas como la inteligencia artificial, la medicina personalizada y las finanzas:
- Descubrimiento de fármacos y medicina personalizada: Con millones de operaciones cuánticas disponibles, se podrán hacer simulaciones precisas de interacciones moleculares imposibles hasta ahora. Esto podría acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos y permitir tratamientos adaptados al perfil genético de cada paciente.
- Ciencia de materiales: Desde baterías más duraderas hasta nuevos superconductores, la capacidad de simular materiales a nivel cuántico abrirá nuevas vías de innovación en sectores clave como la energía y la sostenibilidad.
- Finanzas: El análisis de riesgos y la optimización de carteras podrán alcanzar niveles de precisión nunca antes vistos. También será posible detectar patrones complejos de fraude o inestabilidad con algoritmos cuánticos que consideren más variables simultáneamente.
- Inteligencia Artificial: La IA cuántica aún está en pañales, pero con este tipo de hardware será posible entrenar modelos más grandes y sofisticados, optimizando tareas que actualmente tardan días o semanas.
Imaginar estos avances me recordó la enorme promesa de la computación cuántica: no solo “más rápida”, sino completamente nueva en sus capacidades. Estos campos nos hacen ver que Starling no es solo un juguete caro, sino una plataforma que podría salvar vidas, mejorar la economía y afrontar desafíos globales como el cambio climático.
Ciberseguridad en la era cuántica
Sin embargo, esta euforia viene de la mano con una sensación de urgencia. En mi primer artículo sobre la revolución cuántica ya advertí que los sistemas actuales de encriptación (RSA, ECC, etc.) estarán amenazados por una máquina de esta magnitud. Con Starling en el horizonte, esa amenaza es más real que nunca.
Por eso es crucial que avancemos en criptografía post-cuántica. Algunos gobiernos y empresas ya se están moviendo en esa dirección, pero el tiempo corre. No se trata solo de proteger los datos del mañana, sino también los de hoy, que podrían estar siendo recolectados y almacenados para descifrarse más adelante con computadoras cuánticas. El mensaje es claro: la ciberseguridad debe evolucionar al mismo ritmo que la computación cuántica.
Reflexiones finales
Mientras todo esto me da vértigo y emoción a la vez, también me reconforta saber que no estamos indefensos. La hoja de ruta de IBM muestra un proceso escalonado y realista; cada prototipo es un paso concreto, no un simple deseo. Como científico aficionado que sigue esta historia desde hace años, celebro estos avances con cautela optimista.
Entrar en una “nueva era cuántica” significa adaptar nuestra sociedad: desde los hospitales hasta los bancos, desde los departamentos de I+D hasta la protección de nuestros datos. Esta noticia confirma algo que ya sentía: que la revolución cuántica no es ciencia ficción ni un capricho de laboratorio, sino un camino ineludible que ya está trazado para esta década.
Ahora debemos avanzar junto a él. Mientras IBM afina los últimos detalles en sus laboratorios, seguiré observando y contándoles cómo cada paso de esta aventura encaja con lo que aprendimos sobre la necesidad de estar preparados. Lo que queda claro es que no basta con soñar con un futuro cuántico, hay que construirlo. Y las implicaciones –para la IA, la medicina, las finanzas y nuestra seguridad– son tan enormes como fascinantes.
¿Qué opinas de este nuevo avance? Te leo en comentarios 😉


